ANTHONY DE MELLO.
El místico regresó del desierto.
“Cuéntanos”, le dijeron con avidez, “¿cómo es Dios?”.
Pero ¿cómo podría él expresar con palabras lo que había experimentado en lo más profundo de su corazón? ¿Acaso se puede expresar la Verdad con palabras?
Al fin les confió una fórmula –inexacta, eso sí, e insuficiente-, en la esperanza de que algunos de ellos pudiera, a través de ella, sentir la tentación de experimentar por sí mismo lo que él había experimentado.
Ellos aprendieron la fórmula y la convirtieron en un texto sagrado. Y se la impusieron a todos como si se tratara de un dogma. Incluso se tomaron el esfuerzo de difundirla por países extranjeros. Y algunos llegaron a dar su vida por ella.
Y el místico quedó triste. Tal vez habría sido mejor que no hubiera dicho nada.
UN MINUTO PARA EL ABSURDO.
miércoles, 30 de diciembre de 2009
FABRICANTE DE ETIQUETAS.
ANTHONY DE MELLO.
La vida es como una botella de buen vino.
Algunos se contentan con leer la etiqueta.
Otros prefieren probar su contenido.
En cierta ocasión mostró Buda una flor a sus discípulos y les pidió que dijeran algo acerca de ella.
Ellos estuvieron un rato contemplándola en silencio.
Uno pronunció una conferencia filosófica sobre la flor.
Otro creó un poema.
Otro ideó una parábola.
Todos tratando de quedar por encima de los demás.
¡Fabricantes de etiquetas!
Mahakashyap miró la flor, sonrió y no dijo nada. Sólo él la había visto.
¡Si tan sólo pudiera probar un pájaro, una flor, un árbol, un rostro humano…!
Pero ¡ay! ¡No tengo tiempo!
Estoy demasiado ocupado en aprender a descifrar etiquetas y en producir las mías propias. Pero ni siquiera una vez he sido capaz de embriagarme con el vino.
La vida es como una botella de buen vino.
Algunos se contentan con leer la etiqueta.
Otros prefieren probar su contenido.
En cierta ocasión mostró Buda una flor a sus discípulos y les pidió que dijeran algo acerca de ella.
Ellos estuvieron un rato contemplándola en silencio.
Uno pronunció una conferencia filosófica sobre la flor.
Otro creó un poema.
Otro ideó una parábola.
Todos tratando de quedar por encima de los demás.
¡Fabricantes de etiquetas!
Mahakashyap miró la flor, sonrió y no dijo nada. Sólo él la había visto.
¡Si tan sólo pudiera probar un pájaro, una flor, un árbol, un rostro humano…!
Pero ¡ay! ¡No tengo tiempo!
Estoy demasiado ocupado en aprender a descifrar etiquetas y en producir las mías propias. Pero ni siquiera una vez he sido capaz de embriagarme con el vino.
LA PREGUNTA.
ANTHONY DE MELLO.
Preguntaba el monje: “Todas estas montañas y estos ríos y la tierra y las estrellas… ¿de dónde vienen?
Y preguntó el Maestro: “¿Y de dónde viene tu pregunta?”.
¡Busca en tu interior!
Preguntaba el monje: “Todas estas montañas y estos ríos y la tierra y las estrellas… ¿de dónde vienen?
Y preguntó el Maestro: “¿Y de dónde viene tu pregunta?”.
¡Busca en tu interior!
lunes, 28 de diciembre de 2009
viernes, 25 de diciembre de 2009
BUSCAR EN LUGAR EQUIVOCADO.
ANTHONY DE MELLO.
Un vecino encontró a Nasruddin cuando éste andaba buscando algo de rodillas.
“¿Qué andas buscando, Mullah?”.
“Mi llave. La he perdido”.
Y arrodillados los dos, se pusieron a buscar la llave perdida. Al cabo de un rato dijo el vecino”.
“¿Dónde la perdiste?”.
“En casa”.
“¡Santo Dios! Y entonces, ¿por qué la buscas aquí?
“Porque aquí hay más luz”.
¿De qué vale buscar a Dios en lugares santos si donde lo has perdido ha sido en tu corazón?
Un vecino encontró a Nasruddin cuando éste andaba buscando algo de rodillas.
“¿Qué andas buscando, Mullah?”.
“Mi llave. La he perdido”.
Y arrodillados los dos, se pusieron a buscar la llave perdida. Al cabo de un rato dijo el vecino”.
“¿Dónde la perdiste?”.
“En casa”.
“¡Santo Dios! Y entonces, ¿por qué la buscas aquí?
“Porque aquí hay más luz”.
¿De qué vale buscar a Dios en lugares santos si donde lo has perdido ha sido en tu corazón?
EL HOMBRE ÍDOLO.
ANTHONY DE MELLO.
Una antigua historia hindú:
Érase una vez un mercader que naufragó y fue arrastrado hasta las costas de Ceylán, donde Vihhishana era el rey de los monstruos.
El mercader fue llevado a presencia del rey. Al verle, Vihhishana quedó extasiado de gozo y dijo: “¡Ah, cómo se parece a mi Rama. Es idéntico a él!”. Entonces cubrió al mercader de ricos vestidos y joyas y le adoró.
Dice el místico hindú Ramakrisha: “La primera vez que escuché esta historia sentí una alegría indescriptible. Si a Dios se le puede adorar a través de una imagen de barro. ¿por qué no se le va a poder adorar a través de un hombre?
Una antigua historia hindú:
Érase una vez un mercader que naufragó y fue arrastrado hasta las costas de Ceylán, donde Vihhishana era el rey de los monstruos.
El mercader fue llevado a presencia del rey. Al verle, Vihhishana quedó extasiado de gozo y dijo: “¡Ah, cómo se parece a mi Rama. Es idéntico a él!”. Entonces cubrió al mercader de ricos vestidos y joyas y le adoró.
Dice el místico hindú Ramakrisha: “La primera vez que escuché esta historia sentí una alegría indescriptible. Si a Dios se le puede adorar a través de una imagen de barro. ¿por qué no se le va a poder adorar a través de un hombre?
LA PALABRA HECHA CARNE.
ANTHONY DE MELLO.
En el Evangelio de San Juan leemos:
La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros… Mediante ella se hizo todo; sin ella no se hizo nada de cuanto ha sido creado. Todo lo que llegó a ser estaba lleno de su vida. Y esa vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas jamás la han apagado.
Fíjate en las tinieblas. No pasará mucho tiempo antes de que veas la luz. Observa silenciosamente todas las cosas. No pasará mucho tiempo antes de que veas la Palabra.
La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros…
Resulta penoso comprobar los denodados esfuerzos de quienes tratan de convertir de nuevo la carne en palabra. Palabras, palabras, palabras…
En el Evangelio de San Juan leemos:
La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros… Mediante ella se hizo todo; sin ella no se hizo nada de cuanto ha sido creado. Todo lo que llegó a ser estaba lleno de su vida. Y esa vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas jamás la han apagado.
Fíjate en las tinieblas. No pasará mucho tiempo antes de que veas la luz. Observa silenciosamente todas las cosas. No pasará mucho tiempo antes de que veas la Palabra.
La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros…
Resulta penoso comprobar los denodados esfuerzos de quienes tratan de convertir de nuevo la carne en palabra. Palabras, palabras, palabras…
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